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Terra
La Coctelera

El Futbool y la Amistad

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- Pan.

- Queso.

- Pan.

- Queso.

 

Éramos Martín y yo. Siempre eran los mismos equipos, él y yo los capitanes. Pocho mi arquero y el gordo el de él. Era siempre la misma rivalidad. Las mismas faltas. Los mismos penales. El perdedor pagaba la Coca en lo de Don Alfonso, el ganador era coronado por sus compañeros de equipo. Copábamos la canchita del barrio. Todos los viernes después del colegio cada uno se iba a su casa, almorzaba, se cambiaba muy rápido porque a las tres había que estar en “La Cueva”, la canchita de tierra que estaba debajo de la autopista.

En cada partido jugábamos como si estuviéramos jugando la final del mundial. Transpirábamos la camiseta como si fuera una competencia, el que más mojada la tenía era el que más había dejado todo adentro de la cancha.

Martín era mi mejor amigo, pero sin embargo adentro de la cancha no nos importaba nada. Más de una vez nos lesionamos mutuamente para lograr robarnos la pelota. La peor fue cuando Martín me abrió la cabeza. Está bien, lo perdono. Son las leyes del juego. Yo estaba corriendo con la pelota, tenía a tres contrincantes intentando sacármela. Una gambeta, un caño… devuelta había dejado a los muchachos algunos metros atrás. Miro al frente, el arco delante mió. Apunto, Pateo y… Planchazo de Martín. Vuelo en el aire, la pelota seguía girando. Toco el piso con las piernas pero me sigo cayendo para atrás. El gordo pega un salto. Mi cabeza rebota contra el piso. El arquero roza la pelota con los dedos. Empieza a salir sangre de mi bocho. La había clavado en el ángulo.

Cuando uno es chico tiene ídolos y sueña, algún día ser como ellos. Martín y yo ni los ídolos compartíamos. Su ídolo era “El Burrito” Ortega, era fanático de River. El mío era Martín Palermo, yo era hincha de Boca. Cuado era la fecha del súper clásico nos juntábamos para verlo juntos. Él se vestía con la remera de River, yo con la de Boca y nos íbamos a verlo al bar de la esquina de mi casa.

Los años de juventud fueron pasando. Crecimos y cada uno tomó decisiones diferentes. La de él fue la de ser médico, la mía jugar al fútbol. Empecé jugando en el club Deportivo Español, después me vendieron para San Lorenzo, a los 3 años pase a jugar en la primera de Boca. Había cumplido el sueño de cualquier amante del buen fútbol. A los 2 años me vendieron a un club de Estados Unidos. Tenía 25 años y ya me consagraba en el extranjero. Un día me lo encontré a Martín, él estaba en un congreso de medicina. Se había convertido en médico y cumplido su sueño.

Martín tenía que quedarse por 15 días. Prometimos vernos todos los días hasta que regresara a la Argentina. Cuando tuve que jugar, él me fue a ver y quedó impresionado de todo lo que había logrado. Ese día había metido un gol de mitad de cancha. Comenzaba a imitar a mi ídolo.

Todas las noches cenábamos juntos. Nos acordábamos de cada uno de los partidos que habíamos jugado en La Cueva. Nombramos a cada uno de nuestros amigos con los que compartíamos todas las tardes de los viernes y las posesiones con las que jugaban.

La noche anterior a que terminara el viaje de Martín fuimos a cenar juntos a un restaurante en Nueva York. Estábamos los dos vestidos muy elegantes. Si alguien me preguntara qué pasó esa noche, no podría contestar correctamente. Fue demasiado raro. Ya habíamos terminado de comer y a Martín se lo ocurrió que brindáramos. Cuando lo hicimos me miró y me confesó que estaba enamorado de mí. Casi me muero cuando dijo: - Carolina, ¿Te queres casar conmigo?

Un Amor Distinto pero Igual.

Amor mío: Son interminables los kilómetros que nos separan. Es interminable el amor que siento por vos. Nadie puede creer nuestro eterno romance. Por estos lados me llaman loca. Algunos quieren internarme, otros dicen que no hace falta, que soy una “loca-buena”. Nunca nadie nos va a poder entender.

Es el día de hoy que no entiendo qué pasó. Fue tan extraño. Nunca antes había sentido lo que sentí aquel día en que te vi por primera vez. Fue maravilloso. Sentí paz y miedo al mismo tiempo que amar y odio. Aquel día comprendí esa frase de una canción que dice: “Aunque todos somos diferentes vamos en la misma dirección”. Vos y yo somos distintos pero ambos vamos en busca del amor.

Nunca antes en esta tierra se supo de una historia de amor como la nuestra. Somos distintos físicamente, somos tan iguales al sentir en nuestro interior. Somos de distintos mundos, somos tan amantes como si fuéramos del mismo. Seremos los primeros en empezar a escribir la historia de nuestros mundos unidos, pero todavía tengo la esperanza de no ser los únicos.

Desde niña soñaba con el príncipe azul. El de cuentos de hadas. El hombre perfecto. Alguien que me entienda, que me escuche, que sea tierno y dulce, que me tenga paciencia, que me ame y me enseñe a amar. Nunca había soñado con que todos estos requisitos los podría reunir alguien como vos, alguien que tenga costumbres muy distintas a las mías, alguien de millones de años, alguien que viviera en otra galaxia, alguien que no fuera humano. Quizá sea precisamente eso lo que más me enamora de vos.

Sé que me voy a tener que olvidar de lo nuestro, porque moriría al llegar a tu mundo y a vos te secuestrarían millones de científicos en el mío. Por eso estas palabras son una despedida. Nunca más me voy a enamorar porque vos sos mi único y verdadero amor.

Mi ventana siempre estará abierta para que entres volando igual que Wendy la dejaba abierta para Peter Pan.

Nunca olvides que no importa lo distintos que seamos por fuera mientras que por dentro nuestro amor sea el mismo.

 

Te Ama…

Tu mujer Humana.

Mi Maestro.

Despertaste en mí

la persona que soy.

Despertaste en mí

el sueño que quiero cumplir.

Despertaste en mí

lo que hoy me hace feliz.

Tus enseñanzas

encendieron las ansias

que hoy tengo de escribir.

Vos sos mi maestro

Y yo solo tu aprendiz.

Espero algún día

ser una escritora como vos.

Espero algún día

ser un ejemplo como vos.

Dedicado a: Pancho Aquino.

 


Voces

Cuando era chica y me quedaba sola en casa escuchaba sonidos y voces. Todos me decían que tenía miedo y los ruidos eran producto de mi imaginación

Las voces que escuchaba me daban miedo pero eran hermosas. Una de ellas era de hombre, firme y dura; pero tan dulce y amable. La otra era de mujer, clara y alta; pero dulce y tierna. Ambas incapaces de lastimar a alguien. Esas voces me llamaban como si ellos quisieran que los vea. Sin embargo no se mostraban, solo podía escucharlos.

Un día, cuando me quedé sola en paso algo extraño. Estaba nerviosa. Tenía más miedo que nunca. Comencé a escuchar las voces. Tenía cada vez más miedo. Al principio no sabía que hacer hasta que decidí distraerme. Encendí la tele de la cocina. Fui a la heladera a buscar algo para tomar pero cuando estaba camino a la mesa me tropecé y el baso con el agua cayó sobre el televisor. Se produjo un cortocircuito. A los pocos segundos comenzó a prenderse fue la casa. Corrí a la puerta pero estaba cerrada y no la pude abrir.

A mis espaldas escuché las voces. Me decían que me corra. Me di vuelta. Por primera vez en mi vida los vi. Eran dos personas mayores. Cuando los miré a los ojos sentí esa mirada maternal y llena de amor que no se siente siempre. Di a un paso al costado y abrieron la puerta de un golpe. Me dijeron que salga. Me dieron un beso cada uno en un cachete distinto y sentí como me rodeaban de amor.

Salí y pedí ayuda de inmediato. Todo lo que hicieron los vecinos para apagar el fuego fue en vano. Toda la casa se había arruinado. Mis padres y yo nos tuvimos que mudar. Nunca les conté que me habían ayudado esas voces, las cuales no volví a escuchar.

Hoy me encuentro en el cielo. Morí recientemente luego de una vida maravillosa. Tuve dos hijos y dos hijas. Ellos tuvieron hijos y pude verlos crecer. Cuando llegué al paraíso vi a aquellas personas que me habían salvado la vida. Están acá desde que yo tenía un año de vida. Habían muerto en un accidente de autos. Aquellas voces de mi niñez querían hablarme y amarme. Hoy después de muerta y por primera vez puedo llamarlos abuelo y abuela.

Espero que les haya gustado. Saludos para todos los lectores.

Camila Stringa.